De cuando vi a Blink y lloré

Hay quienes dicen haber ido a demasiados 'conciertos de su vida' para no ser gatos.

Melómana crónica. Aunque tampoco puedo presumir de haber puesto el pie en muchas pistas frente a un escenario. Sin embargo, sí que coloco en mi ranking, por lo que llevo vivido, un concierto por encima del resto. Y ni es el último ni de hecho técnicamente (para nada) el mejor. 

 De cuando Mark tenía más pelo, Travis menos tatuajes y a Tom no se le notaba tanto el alcohol en escena.

Supongo que cuando una lleva toda su vida escuchando un grupo, sufre su separación, celebra su vuelta y se entera de que fechan cita en su país, es de obligado cumplimiento que no se lo piense ni dos veces. Lo que menos me importaba era el cómo, Blink 182 tocaba en Madrid y tardé cinco minutos en tener entrada.

Viví los nervios previos como una quinceañera. Posiblemente peor. Lo que sentí cuando se descolgó el telón y sonaron los primeros acordes de Feeling This, lo mucho que canté, que salté, lo mucho que grité, las lagrimas que me caían.. (Ya) no eran mi grupo favorito, pero aquél 20 de julio de 2012 el setlist que sonó en mi cabeza fué el de todos los años que habían pasado con aquellas canciones como banda sonora. Recordé la primera vez que escuché I Miss You y como ahí, de alguna manera, empezó todo. Cantaba Always mientras me daba cuenta de si hoy en mis cascos suena lo que suena, les tengo mucho que agradecer a ellos. Porque hay grupos que te marcan, que te ayudan a encauzarte en lo musical, y que te descubren que, disfrutar de una canción, va mucho más allá de oirla.

Canté de alegría y lloré, lloré de emoción. Curioso como algo que te agota te da ciertamente la vida.
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