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Volver al mar

martes, junio 18, 2019

Hace ya casi seis meses que llegué a Barcelona, pero quizás menos de dos desde que empezase a asimilarlo por completo.

Durante el año anterior me había dejado caer dos o tres veces por aquí; y recuerdo pensar -más a viva voz que para mis adentros-, que volvería. Casi como pidiendo quedarme, casi como un anhelo; desconociendo que a corto plazo, por vueltas de la vida, se haría realidad.

Reconozco sin embargo que cuando me vi cerca de dejar Madrid, si es que eso en algún momento llegó a pasar, el Mediterráneo no entraba en mi planes.

Aún me pregunto si había realmente algunos.
Pero supongo que es a veces lo inesperado lo que nos ofrece lo que, aunque no sepamos, necesitamos escuchar.

Así que aquí llegué, un 1 de enero, con más ganas que miedo. Creo. Y 13 cajas de cartón.

El 88% de mi vida lo había pasado frente al mar; y no diré que sin aprecio, pero quizás sin echarlo tanto en falta como se esperaría cuando me tocó poner pie en la capital.

Llegar a Barcelona lo sentí por tanto de primeras simplemente como un cambio de aire. Que no de aires. O quizás también. Pero con el tiempo descubrí que, en el fondo, llegar a Barcelona supuso fundamentalmente un reencuentro. 

Con la emoción de los comienzos cuando sientes que todo es aún posible.
Con mi persona.
Y con el mar.

Ahora es cuando veo con claridad el punto de inflexión que me ubicó en esta ciudad por completo.
Y solo espero que siempre me quede ese lugar donde sentarme a mirar.

La mentira de las bombillas de bajo consumo

jueves, enero 19, 2017
Escribí este artículo en 2015 para mi clase de Ecodiseño tras el visionado del documental “Bulb Fiction” (2011, Christoph Mayr). Ayer me reencontré con él, y no quise volver a dejarlo abandonado en la carpeta de textos de la universidad.

 
¿Qué creemos que compramos cuando decidimos pagar por una bombilla de bajo consumo? Seguramente aspiremos simplemente a llevarnos una bombilla que aun resultando cara en tienda no dispare la factura de la luz (por lo que a largo plazo termina por resultar rentable). Sin embargo, ¿qué nos llevamos realmente? Para ignorancia de la mayoría: un riesgo añadido que afecta directamente a la salud.


Nos alegaron que la desaparición de la clásica bombilla incandescente se debía únicamente a un plan de reducción de las emisiones de gases efecto invernadero, y sí, de hecho éstas se ven reducidas en un 20%-30%, pero aunque de primeras parezca un gran cambio, queda lejos de ser la panacea; tan sólo supone un 0,4% del total, queda mucho por hacer. De lo que nadie nos habló es de que lo nuevo no siempre es sinónimo de mejor. Al menos no en todos los aspectos. ¿Para el medio ambiente? Aparentemente sí, pero ¿hasta qué punto estamos dispuestos a comprometer nuestra propia vida por ello? El nuevo modelo de bombilla contiene mercurio en cantidades no tan reguladas como deberían, como si el mundo no hubiese escarmentado lo suficiente con tragedias como la de la bahía de Minamata.. Y lo peor, es que por desgracia parece ser que no.
 
El mercurio (Hg), al igual que cualquier otro metal pesado, posee efectos acumulativos; y en el caso concreto de su contacto con el organismo, queda atrapado en una cárcel en la que los peor parados son los barrotes. Las afecciones al sistema nervioso son severas aun hablando de pequeñas cantidades y sin embargo al tratar productos que lo contienen se anteponen las necesidades de producción a los riesgos sanitarios. Aunque nos hayan hecho creer que sí, lo cierto es que ni la marca de Conformité Européenne ni los límites admisibles establecidos (5mcg para el caso) nos garantizan la plena seguridad. O al menos no toda la que podrían, y qué menos deberíamos exigir, ¿no? Pero nos encontramos ante la historia de siempre, la que afecta de igual forma a tantos otros temas, y es que Europa está dominada por intereses empresariales, los cuales -sorpresa- responden principalmente a aspectos económicos.

Para más inri, ni siquiera existe un protocolo de actuación adecuadamente extendido para desechar correctamente y sin impactos añadidos las luminarias de bajo consumo, yo misma he podido comprobarlo: “Tranquila, aquí nos ocupamos” mientras lanzaban la bombilla a un cubo común.

Por tanto, que las bombillas tradicionales se desestimaron por razones energéticas nos lo han dejado claro, pero poco sabe la conciencia pública acerca de la verdadera razón por la que se impulsó con tanto ímpetu el cambio a pesar de lo ya conocido sobre el mercurio. Aunque podemos imaginarlo. El hecho de que la decisión no fuese votada en sede parlamentaria si no decidida sencillamente por un comité en el cual un porcentaje de los miembros pertenecía a empresas líderes del sector, suficientes como para que el aroma a negocio influyese cuidadosamente en las decisiones políticas sin saltar las alarmas del soborno, ya nos debería hacer sospechar. Aunque a decir verdad nada de esto es novedoso; se lleva décadas reduciendo intencionadamente la duración de la vida media de las bombillas. Ah, la famosa obsolescencia programada. Y es que si bien la clásica incandescente transformaba el 95% de la energía en calor, ¿no hubiera sido más inteligente desarrollar una estrategia alternativa que aprovechase esa pérdida mediante una técnica más eficiente?

Pero vaya, como siempre, “parece que quienes se han puesto gafas políticas han perdido de vista la realidad”. Será que habrá que hacerse más a menudo la pregunta de por qué la bombilla del cuartel de bomberos de Livermore, California lleva encendida desde 1901 y la nuestra no.
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Tener un blog es así

miércoles, septiembre 23, 2015

Tenía catorce años cuando pulsé por primera vez un botón de publicar. Ciertamente por aquel entonces no tenía para nada claro lo que hacía, era 2007; pero no tardé en darme cuenta de que aquello, fuera lo que fuese, me gustaba. Es más, me gustaba mucho.

He de decir sin embargo que mis primeros pasos en esto de hablarle al aire y disfrutar en el proceso no se forjaron en Fotolog ni en aquella fugaz relación que mantuve con Wordpress antes de aterrizar definitivamente en Blogger. A mis once primaveras maqueté un intento de periódico tras varios duros días de trabajo en Paint y una larga y minuciosa búsqueda de las imágenes prediseñadas de Office más adecuadas para ilustrar el encendido de la llama olímpica de Atenas 2004. Salieron cuatro números, y hasta hice varias copias. Ah, la inocencia. Quizás la misma que reinó con ilusión junto a la anarquía en los primeros años de lo que luego decidimos bautizar como blogosfera.

Llegué allí centrándome en moda, o al menos en lo que yo creía entender por ello; y lo hice durante casi seis largos años desbordantes de curiosidad que me aportaron experiencias que tiempo atrás jamás hubiera imaginado. Luego exploté. Y lo hice, remitiéndome a mis palabras: cansada de los copias y pegas, de la escasez de originalidad, del hablar sin saber, de la falsedad por compromiso, de que hubiese más gente interesada que gente interesante, de lo demasiado influyente, y por supuesto también de lo demasiado influenciable. Llegué a verme propia victima de mi punto com, y fuí consciente de que sentía cierta restricción al publicar cuando, en verdad, aspiraba a todo lo contrario.

Fue entonces cuando volví a ver la luz y llegué a puerto. Abrí decidida thenebulosegirl.com hace ahora ya dos años con las ideas más claras que nunca, unos intereses mucho más diversificados que entonces, y sabiendo que esta vez sí, sería el definitivo. A diferencia del reconocimiento que quizás en algún momento pequé de buscar, no aspiro con este espacio a nada más allá de la satisfacción personal que aseguro produce. Y así quiero que siga siendo, con tráfico o sin él; pero alejada de cualquier norma social que pretenda regir algo que sólo yo dirijo. Sin presiones, de forma natural. Aunar creatividad, ideas y descubrimientos en un dominio un tanto caótico que a la vez actúe como baúl de los recuerdos de todo aquello cuanto tengo en la cabeza y que en un futuro sé que me gustará recuperar. En definitiva, crear algo -que quizás a alguien entretenga- sabiendo que verdaderamente representa a quien escribe y sintiéndolo del todo mío.

Y es que hoy, como podría suceder cualquier otro día, haya o no alguien ahí, simplemente me apetecía pasar a saludar. Tener un blog personal es así, exactamente como tú quieres que sea.
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10 cosas de 2014 que hay que erradicar en 2015

lunes, diciembre 29, 2014


Qusiera antes de entrar en materia enviar un cordial saludo a la asociación de afectados por el selfie-stick, a quienes soportaron que el ébola y un tal Fran se unieran a sus grupos, y a todos los que no eligieron el autobús para llegar a Malasia como si no se supiera ya como acaban siempre estos asuntos en el Pacífico Sur.

Resulta que 2014, en resumidas cuentas, ha sido una verdadera movida. Se nos fueron de las manos muchas cosas. Muchísimas. Una cantidad ingente de cosas. De verdad, un montón. A pesar de todo, a una no le faltan razones para seguir confiando en la extraordinariedad del ser humano; ni tampoco por supuesto en su capacidad de superación -aunque la de algunos, ya que estamos, se vea únicamente de puertas de Génova para adentro-. Es precisamente a razón de esto, y ya por segundo año aquí, por lo que no está de más repasar ciertas cosillas que, por el bien de la humanidad y porque no son alturas de la vida éstas para rebatir las teorías del señor Darwin, como 2014, será mejor que dejemos atrás.

1/ Llamar "selfie" a la autofoto de toda la vida. Culpamos a Ellen Degeneres de la democratización del término y el viral, pero somos nosotros quienes hemos ido demasiado lejos con el cosmopaletismo en este tema. En algún momento habrá que pisar el freno, but first..

2/ ¡Basta ya de tanta felicidad Pharrell!, ¡basta ya! Estuvo guay cantarla un par de veces, incluso bailarla durante 10 horas nos llegó a parecer buen plan; sin embargo, vaya, quién iba a imaginarlo, sobrepasar el límite provoca el efecto inverso y mirad, ojalá nos hubiésemos leido el prospecto antes de pagar. 

3/ El buenrrollismo extremo de Mr. Wonderfull. Cuidado con este régimen de tipografías extreme cuquiness al que nos hemos visto sometidos. Hay tazas más sonrientes que sus dueñas. Paremos esta farsa hiperglucémica antes de que sea demasiado tarde si no lo es ya.
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4/ Compartir tus progresos como runner. Ahá, espera espera, ahora, cuéntame más.
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5/ La moda de las chanclas de piscina de tu padre en 1991. Esto no creo que requiera realmente explicación alguna, aunque si algo hemos aprendido este verano es que los 90 molaban, pero quizás no tanto, y que el arte del revival no siempre tiene cabida cuando se trata del público general.
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6/ Liarse con las redes sociales. Ojo con esto amigos. Si ni los crossovers ni los remakes salen bien en el cine, no esperéis que triunfen en vuestras apps. Cada cosa en su sitio, un sitio para cada cosa y las imágenes de Tumblr las dejáis por favor tranquilitas dónde están.
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7/ Olvidarse de la verdadera causa de las cadenas virales. Mogollón de gente tirándose agua puede ser una fantástica idea como colofón de las fiestas de tu pueblo, pero como postureo que a punto estuvo de sepultar una auténtica campaña creada con la mejor de las intenciones dejó bastante que desear pasadas las 72 horas y tu tercera nominación.

8/ Los test estúpidos de Alegra.me. ¿Cuántos te aman en secreto?, ¿en qué animal te reencarnarás?, ¿en qué película se basa tu vida?, ¿cómo de castellano-manchego eres?, ¿cuánto tiempo has perdido haciendo estas mierdas?, ¿cómo podías vivir sin conocer tan contrastada información? La verdad es que es un alivio saber que de ser una comida la acelga queda totalmente descartada del menú.

9/ Darle la palabra a Mariló Montero. La estupidez suele ir de la mano de una absoluta falta del sentido del ridículo y está ahí ahí con que la televisión pública sí que tenga regulada tu situación laboral; así que recordad, nunca, jamás, y bajo ningún concepto.

10/ Y por último, pero de hecho especialmente importante: opinar fuerte sobre política en las redes sociales sin entender mucho de política en la vida real. En una época en la que nuestro canon cultural se está viendo determinado por aquello que consigue el mayor número de clicks, nos acercamos peligrosamente a una parodia del conocimiento que es, en verdad, un nuevo modelo de ignorancia. Nunca fue tan fácil pretender saber tanto sin conocer realmente nada.

Dicho esto, ".. a ver si espabilamos los que estamos vivos y el año que viene nos reímos".

¡FELIZ 2015!

Esto no es (sólo) un diario

lunes, noviembre 24, 2014



Escribir "Querido diario:" y rellenar la página jamás fue lo mío. Al menos no durante más de tres días seguidos. Años después de mi último intento bajo llave descubrí la fórmula perfecta para tener bien documentada mi vida pudiendo echar la vista atrás sin quedarme a vivir en el pasado. Para empezar me compré una agenda, una de las de verdad, -concretamente la de Blackie Books que es maravillosa-, y lo apunté absolutamente todo, en parte por necesidad y en parte por TOC, que en mí viene a ser un poco lo mismo. Anoto los quehaceres, -que últimamente son demasiados-, pero reservo un espacio cada día para dejar constancia de lo que me ha sacado una sonrisa mental en algún momento del mismo; ya sea una canción, una persona, o un donuts de chocolate. Y creédme, nunca hay 24 horas en blanco, ni siquiera los lunes.

Por otro lado llevo ya varios meses siguiendo un diario gráfico, que a decir verdad de diario es de lo que menos tiene pero por fortuna de dibujo bastante. Pagué una Moleskine con dos billetes de diez y un tercio de alma así que procuro darle vida ilustrando con un rotring 0,1 y de la mejor manera que sé aquello que me haya resultado digno de ser plasmado; y lo acompaño de su fecha, claro, que para algo me llevé también un fechador de tinta. Muy buena mi relación con las papelerías como iréis comprobando.

Aparecieron por último en mi día a día los libros DIY, que vienen a ser realmente algo así como pagar por unas cuantas hojas casi en blanco pero hacerlo totalmente encantada. Destrocé este famoso diario de la peor forma que pude, porque ya lo advertían en su primera página: dedicado a las perfeccionistas de este mundo, no es fácil pero sí terapéutico. Ahora ha llegado a mis manos 1 Page at a Time, en la misma línea, y qué queréis que os diga, nunca es mal momento para empezar a crear.

"Este libro es un diario, un álbum de recortes, un cuaderno de bocetos, un recuerdo para el futuro, tu nuevo mejor amigo, lo que tú quieras, lo que tú digas que es. Esta es tu vida, y es obra tuya."

*La edición en castellano ha sido editada por Plaza Janes y está disponible en Fnac por 9.90€.


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Don't fuck with the Peaky Blinders

sábado, noviembre 15, 2014

Título Original / Peaky Blinders
Género / Drama histórico, criminal
Creador / Steven Knight
Año / 2013 - Presente
Temporadas / 2 (confirmada una tercera), 6 capítulos por temporada
Duración / 60 min.
Nacionalidad / Reino Unido
Reparto / Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Annabelle Walls, Iddo Goldberg, entre otros
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En esta ocasión fue el tweet-a-tweet lo me llevó hasta los Peaky Blinders. Me atraía el hecho de que se tratase de temporadas cortas -a menudo los veintitantos capítulos de las americanas acaban resultando algo pesados y eso me viene fatal compaginarlo con el curso-, pero sobre todo me gustaba que llegase desde my beloved Great Britain. Quicir, tienen una fiesta en la que la gente corre detrás de un queso, solo por eso Inglaterra ya nos saca años de ventaja en lo de molar. Además, el sello de la BBC me aseguraba cierta garantía, y más después de lo de Sherlock (¡LO DE SHERLOCK!).

Lo que me encontré no solo sació mi seriéfila sed, si no que me absorbió por completo, trasladándome a otro momento y a otro lugar. Concretamente al sucio e industrial Birmingham de los años 20 donde todo el mundo llevaba cosas en la cabeza y la gente no paraba de beber. Pero pongámonos en la verdadera situación: una banda familiar de gángsters comandada por Thomas Shelby (interpretado por un sobresaliente Cillian Murphy) llega a la ciudad con graves secuelas tras luchar en la I Guerra Mundial y reanuda sus negocios ilegales de apuestas, extorsión y contrabando lidiando en una batalla por el trono del poder mediante planes tramados al milímetro.

La ambientación me ha resultado sublime y la fotografía la he encontrado impecable, aportando sin duda gran realismo a la trama. Se introducen además cuestiones como la delicada situación entre Irlanda e Inglaterra así como las huelgas revolucionarias que estaban a la orden del día por aquel entonces. Pero si algo ha sido motivo tanto de dura crítica como de profunda admiración es la elección de la banda sonora. Sí, desde luego incluir en un drama histórico temas de los Arctic Monkeys, The White Stripes o Nick Cave resulta arriesgado y un tanto fuera de lugar, pero conseguir que logren conjuntarse a la perfección con la serie personalmente lo considero todo un éxito.

Dicen "bloody" cada vez que tienen oportunidad, los acentos son una maravilla y Tommy os robará el corazón desde el minuto cero. En definitiva, totalmente recomendable.
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